La barba como concepto

Imagen 3 A mi mamá no le gustaba. Siempre decía que parecía un linyera, un andrajoso. Encima yo completaba mi desafío visual usando pantalones Levis muy rotos. Pero sus roturas no eran algo que yo buscara ocultar o blurear. Todo lo contrario. Muchas veces lo único que cubría las piernas eran hilos colgando de algún lugar que era resulto por una atadura cruzada. El recurso visual de los pelos en la cara siempre me han parecido de dudosa conceptualización. Era casi como poner una gran fotografía cuando el texto era corto. O tal vez hacer infografía donde los datos se repetían casi al mismo tiempo que en el cuerpo de la nota. También la barba me parecía algo así como una ilustración editorial sin demasiada búsqueda, que respondía totalmente a los pedidos de un editor mediocre de un diario sábana. El soporte piloso en las mejillas encontró mucha resistencia en mi anatomía facial. Tal vez, por los reclamos de mi madre, o los de alguna dama que se quejaba de como semejante superficie texturada la dejaba colorada después de cierta faena amatoria. Esa resistencia a dejarme la barba también coincidía con mi pasado de kilogramos de demasía que se concentraban en mi cara. Lo cierto es que hoy tengo barba y no me molesta. Y creo que responde a un concepto visual que tiene que ver con querer encontrarse con quién uno es. Estoy tratando de encontrarme, aunque es complicado. Los que algo saben, entienden un poco semejante algoritmo. En clave ellos saben lo que significa la frase "que bien que la estamos pasando". Porque ese numerito verbal, a veces, se parece a los espasmos ensayados al milímetro por el payaso más triste de un circo barato. El tema del origen no es un detalle para dejar pasar siempre por el costado, escondiéndolo en otras urgencias. Porque el quién soy se entrevera con el adónde voy. Por eso, el QR-Code ha cambiado (aunque sigo siendo el mismo cabrón de siempre).

Exclusivo: El Norbi hace choripanes en Acapulco

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(40 chorizos en la noche acapulqueña)
Era el final de Perspectiva Gráfica y se nos ocurrió a Anabel Vanoni y a mí, los únicos argentinos del evento, agasajar a los mexicanos con una típica choripaneada bien argentina. Pero el problema no radicaba en el problema para conseguir los ingredientes más o menos originales, ni en la falta de los invitados de lujo, que llegaron con puntualidad casi gringa. DSC07960
(El asador peleando contra las llamas, tratando de acelerar la cocción, evitando el arrebato mortal)
La complicación radicaba en la tardanza del parrillero, quien todavía debía terminar su último día de taller, antes de acceder a su mejor clase. El final del taller estaba pactado para los 23, pero las ganas y la potencia del último trabajo nos llevó a extendernos un poco más de media hora. DSC07966
(Comienza la equivocación traicionera de convertir en mariposa el hermoso capullo de cerdo)
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(Irrumpe en el salón de estar de Scarface las bandejas repletas de la mejor mercadería, con el telón de fondo de la Bahía de Acapulco)
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(Algunos festejan con una mano haciendo la v, sin dejar de apretar el chori con criolla, casi para que no vuele)
Todos, desde el poderoso Dr. Morbito (Erick Morales), esposo de la artista plástica Vanoni, y su hija, la gran Selva Azul, pasando por el ilustrador mexicano César Nández y su compañera, Cherry Knox, sin olvidarnos de uno de los referentes del colectivo tipográfico Typeware, Andrei Bengoa, el artista callejero, su santidad Seher One (David Piñon), y el venezolano Alec Méndez, responsable de Picta. Del lado organizativo estaban, también con mucho hambre, Fer Bustamente, Scarlett Alonso Gómez, Erick Atsel, Jessica Sotelo, Ale Alva, Bookman (Aldair Cruz) y su chica, Gabriela Muñoz, el Señor de la casa, Don René Raúl Romero Sandoval, y su hija, Connie Romero, y la coordinadora de la carrera de Diseño Gráfico de la Universidad Loyola del Pacífico, Ana Laura Pavón. Y, por pedido especial del asador, asistieron la responsable de nuestra alimentación diaria, la diosa de la sabiduría culinaria, Minerva Lagunas, y su sobrino José. En resumen: veinte mexicanos (+ un caraqueño), 40 chorizos argentinos, 5 kilos de salsa criolla, bien criolla. Sólo quedó un chorizo que fue desayunado, a la mañana siguiente, por la pequeña de 4 años. Imagen 27
(Selva Azul disfrutando un desayuno nutritivo, con las vitaminas que necesita cualquier niño mexicano)